Tribuna lliure

Los Devonshires vigilan esta trinchera

4 de juliol de 2016 — autor: Tribuna Lliure

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Los Devonshires vigilan esta trinchera

4 de juliol de 2016 — autor: Tribuna Lliure

José Luis Martín Mas. Salmantino con raíces en Salamanca y en el Baix Camp. Informático de profesión y aficionado a demasiadas cosas: de la Historia a la Ciencia, pasando por el kyudo, la fotografía y los videojuegos. En definitiva, un almacén de información inútil

Faltan pocos minutos para las 7:27. Las lluvias de los días anteriores que han aplazado el ataque han parado. El día ha amanecido con niebla pero justo ahora se está levantando. Podría ser un día perfecto de no ser por el ensordecedor ruido de la artillería. De no ser por la certeza de morir.

Miras a tus hombres, vuelves a repasar que todo esté correcto y que todos tengan claras las órdenes. Sobre todo tienes que mantener el tipo, mantenerte firme, incluso hacer alguna broma para mantener la moral. A pesar de que quieres gritar, a pesar de que lloras internamente pensando que vas a guiarlos a la muerte. A pesar de saber que muchos, si no todos estos muchachos de 18, 19, 22 años, no volverán a Exeter. No volverán a ver a sus familias, familias que desde sus casas en el sur de Inglaterra llevan desde el 24 de junio oyendo el sordo rumor de la artillería que machaca, o intenta machacar, las posiciones alemanas en el Somme.

La artillería que te han dicho que va a solucionarlo todo, que va a convertir el ataque en un paseo. Sabes que no es verdad, lo has intentado explicar y te han dicho que no tienes que preocuparte. Podrías darte la vuelta y salir corriendo, pero sería imposible cargar con el deshonor y la culpa por abandonar a estos chicos.

1 de julio de 1916, 7:27. Ha llegado la hora. Suenan los silbatos. Es el primer día de la Batalla del Somme. Tú y tus hombres subís las escaleras del terraplén de la trinchera y avanzáis hacia tierra de nadie. Nunca volverás.

Nacido en Argel en 1886, Duncan Martin era hijo de Thomas y Anne Martin, de Hailsham, East Sussex. Tras estudiar en Bristol, Duncan se trasladó en 1908 a St Ives, Cornualles, donde se unió a la escuela de arte de Elizabeth Forbes.

Al estallar la Primera Guerra Mundial Duncan fue uno de los miles y miles de jóvenes con estudios que se presentaron voluntarios para el puesto de oficial subalterno y fue destinado el 29 de octubre de 1914 al 9º Batallón del Regimiento de Devonshire. Dada su edad superior al resto de subalternos (la mayoría eran muchachos recién salidos de la escuela) en julio de 1915 ya era Capitán. Tras diversas acciones, el 9º Devonshires fue desplegado en febrero de 1916 en el frente del Somme. Allí comenzaron los preparativos para la batalla, cuyos planes fueron comunicados a los oficiales, incluido Martin, en junio.

Puede sorprender en nuestros tiempos de espionaje electrónico e información inmediata, pero en ese momento a Martin le tocó un permiso y fue a su casa, aun conociendo al detalle los planes de batalla. Aficionado al modelismo, en los ratos libres se dedicó a construir un diorama de la posición que le tocaría asaltar. El plan parecía fácil: salir de la trinchera, bajar una ladera y subir otra para tomar las trincheras alemanas de la iglesia de Mametz. Todo perfecto, salvo por una ametralladora alemana colocada en una ermita, en una esquina del recinto de la iglesia. Un fuego cruzado sobre su línea de avance que les haría pedazos.

“¿Y qué hay de la ametralladora de la ermita?”. Esa fue la pregunta de Martin al Mando a su vuelta al frente. No había que preocuparse, la artillería, la mágica artillería, arrasaría la ermita, la iglesia, todo Mametz. El bombardeo de preparación más grande de la Historia. Nadie podría sobrevivir a eso.

Martin era escéptico. Quizás por su experiencia en la batalla de Loos en 1915, donde igualmente les habían prometido que la artillería lo solucionaría todo. Llegó a indicarle a sus compañeros oficiales dónde y cuándo caerían él y sus hombres. ¿Pero qué salida había, aparte de apretar los dientes, rezar y seguir las órdenes?

7:27. Suenan los silbatos. Martin y sus hombres, 1ª Compañía, salen de la trinchera y descendiendo la ladera son acribillados por la ametralladora alemana, que sigue intacta. La 2ª y 3ª Compañías sufren un destino similar. A las 15:30 solo queda ya capacitada para combatir la 4ª Compañía, al mando del teniente Saville. Este consigue convencer al Mando de emplear una ruta diferente y con el apoyo de elementos del 8º Regimiento y el apoyo de artillería francesa, al final del día consiguen tomar Mametz.

Atrás han quedado 476 bajas, el 60 por ciento del regimiento. 316 heridos y 160 muertos. Entre estos últimos y de los primeros en caer, ya que los oficiales británicos iban en cabeza dirigiendo a sus hombres, Duncan Martin. Con todo, no fueron los que sufrieron más bajas, un triste honor que correspondió a un regimiento de Yorkshire y al regimiento de Terranova, cuya historia daría para otro artículo.

Tres días después estos 160 hombres fueron enterrados en la misma trinchera de la que habían salido el 1 de julio. A la entrada del improvisado cementerio, una cruz de madera con una inscripción. Terminada la guerra, la Comisión de Cementerios de Guerra de la Commonwealth adecentó el cementerio y colocó lápidas, una por cada fosa en la que se enterraban por lo general dos o tres hombres. Duncan Martin comparte tumba con el soldado Frederick Oxford, del 8º y muerto con 22 años, y con el soldado Marshal Williams, del 9º y muerto también con 22 años. Y allí siguen, contemplando para siempre el campo en el que perdieron la vida.

En la entrada del cementerio, una lápida sustituye la cruz de madera improvisada colocada en el entierro. La inscripción en cambio sigue siendo la misma:

“The Devonshires held this trench.
The Devonshires hold it still”.

 

 

 

 

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